peligro trabajo social

Cuando el Trabajo Social depende de la voluntariedad

Tras 4 años gestionando un servicio municipal repartido en numerosos distritos, tienes la oportunidad de conocer a lo mejor y lo peor de cada casa, en esta ocasión no voy a hablar de TIC, sino de cuando el Trabajo Social depende de la voluntariedad por llevar a cabo procesos de transformación o no por parte de un funcionario público, TS en particular. O por el mero hecho de querer trabajar o vivir del cuento claro.

NOTA: este reflexión me surge por una situación reciente, y quede claro no comparto en absoluto los recientes comentarios de Nadal Belda.
Hace poco compartí una entrada sobre uno de los proyectos comunitarios que coordino AQUÍ. Y, tras aclarar que está siendo una de las mayores experiencias profesionales de mi vida, ya que no sólo supuso asumir la responsabilidad de un equipo de 21 personas que trabajan en 14 barrios diferentes de 8 distritos de Madrid, sino también la relación institucional con el área de gobierno del ayuntamiento y a nivel local con las Juntas Municipales y la coordinación en ambos niveles con recursos municipales de toda índole.
Este proyecto me ha aportado una visión muy amplia de la realidad social de mi ciudad y también, y es en lo que me voy a centrar, del Trabajo Social desde la función pública
He de partir, de una visión, desgraciadamente extendida en el contexto privado del tercer sector y la ciudadanía en general, que es la de que los Trabajadores Sociales de Servicios Sociales, y extensible a buena parte del cuerpo de funcionarios públicos, no hacen un buen trabajo («vuelva usted mañana», loS desayunoS, y similares estereotipos).
Y puedo decir desde mi experiencia, que me agrada haber superado esa barrera mental y decir en voz alta, que hay una gran mayoría de trabajadores sociales en particular y funcionarios en general, que hacen una labor magnifica, cumpliendo adecuadamente con su trabajo, y garantizando unos servicios públicos con los que no cuentan en la mayor parte del mundo.
He entrado en contacto con directores, secretarios coordinadores de área, ordenanzas, técnicos de diversas direcciones generales, policías y un largo etc de trabajadores del Área territorial del ayuntamiento. Y con jefes/as de departamento, y todos los niveles técnicos de las juntas municipales, negociados, juristas, gerentes, así como responsables políticos, concejales, asesores y una infinidad de títulos que siempre me llevan a pensar que hay “más jefes que indios”, pero eso es otro tema. Y, aunque cada persona es un mundo, y la seguridad del puesto en algunas ocasiones da ciertos aires poco empáticos, mis mayores preocupaciones han llegado en mi campo de trabajo, y en el caso del ayuntamiento en los Servicios Sociales.
Y digo esto porque me preocupa a la par que frustra y enfada, que la optimización de los recursos sociales dependa en ocasiones (más de las que quisiera) de la voluntariedad de la persona con la que te topes y más gravoso cuanta más área de responsabilidad tenga esa persona en particular, cuestión de números.
En el proyecto que coordino, de intervención comunitaria, llegan profesionales al barrio (mis compañeros/as) con los que puedes contar para coordinar acciones que promuevan la implicación de los y las vecinos/as en la transformación de su realidad, en un plano horizontal con técnicos y administración. Profesionales que la propia institución ha considerado necesarios en los barrios para dar una alternativa a los problemas de convivencia que puedan darse en los diferentes territorios.
Cuando llegas a los territorios, te esperas que, atendiendo a la carencia de recursos existente, te reciban con los brazos abiertos (y no hablo de alfombras rojas ojo, eso para Hollywood) y te exijan un intenso trabajo antes las problemáticas relacionadas con los barrios. Y esa ha sido en mayor o menor medida la realidad en la gran mayoría de ocasiones, pero, y aquí llega mi contención para no pasarme…
Usando palabras de nuestro próximo EXpresidente me parece ruiz ruin, miserable e indecente la presencia de algunas personas entre los Servicios Sociales públicos, que dañan, casi irreparablemente su imagen.
Y me refiero a algunos individuos que en algún momento se dejaron la profesionalidad en casa, y simplemente ignoran, repelen o castigan un recurso con el que contar para mejorar la calidad de vida de las personas.
En ocasiones por enfrentamientos “caseros» entre las diferentes dimensiones municipales y su falta de concreción en la delegación o reparto de responsabilidades o funciones o que se yo, pero que lleva a la inoperatividad de recursos públicos, es decir, DEL DINERO DE TODOS Y TODAS LAS PERSONAS QUE PAGAMOS NUESTROS IMPUESTOS. En otras por rencillas personales entre miembros del “cuerpo”, y en los peores casos, por suerte contados, por la total desvergüenza de algunas/os individuos como decía.
Y no me refiero a que te dejen plantado para una reunión agendada con semanas de antelación por un imprevisto de última hora, sino a situaciones que me han provocado espanto. Como estar esperando 45 minutos a una persona con un puesto de bastante responsabilidad, verla aparecer con las bolsas de la compra tranquilamente y al vernos simplemente decir, “anda estáis aquí, voy a avisar a la gente a ver si está lista”, cuando miembros de su propio equipo estaban esperando con los colores en la cara al igual que nosotros, sin saber ya que excusas podían pronunciar. Y sólo es un ejemplo.
A las entidades sociales nos exigen para acceder a la gestión de dinero público, sistemas de calidad, transparencia, solvencia técnica, y un sin fin de condiciones, obviamente necesarias que deberían urgentemente aplicarse en casa, pero no es mi tema de hoy, sino mi preocupación por la suciedad que puede generar en la profesión de Trabajo Social estas personas. Tenemos un código deontológico, y ante todo una responsabilidad moral con los ciudadanos, que somos todos y todas.
trabajo en equipo
Todos aquellos que somos la mayoría y que hacemos correctamente nuestro trabajo, debemos levantarnos y decir ASÍ NO, y explicarle al resto del mundo que eso NO ES TRABAJO SOCIAL.
Y por otro lado, animar a que todos los trabajadores y trabajadoras sociales que hacen cada día adecuadamente su labor, se animen a dar a conocer la profesión, a dejar ver y transmitir su forma de trabajar sin miedo a exponerse, a tomar las riendas de su identidad digital (venga si, cuña TIC) para expandir el conocimiento profesional y unirnos, para coger fuerza y decir alto y claro SOY TRABAJADOR/A SOCIAL.
Sólo quería compartir estas sensaciones que me rondan desde hace tiempo en la cabeza y sólo había debatido en cafés y pasillos. Sin duda, me quedo con esa GRAN MAYORÍA, que me ha hecho disfrutar de mi profesión durante años y seguirán haciéndolo.

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1 comentario en “Cuando el Trabajo Social depende de la voluntariedad”

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